martes, 29 de marzo de 2011

Creyó que podría hacerse rico con la lotería y lo perdió todo




A riesgo de no ser creíble, pero en verdad totalmente verídica, esta entrada cuenta la historia de un personaje que creyó que podría hacerse rico con la lotería y terminó perdiéndolo todo. No conozco a esta persona del cual tuve referencias indirectas hace un tiempo, pero comencé a saber de él un día de clases de nuestro curso, cuando uno de los alumnos se me acercó para contarme de un conocido suyo que estaba ganando mucho dinero apostando a ciertos números de la lotería (en Argentina le llamamos Quiniela). Por supuesto que no creí ni por un instante que esto pueda ser cierto, aún cuando quien me lo estaba contando era una persona muy conocida, profesional y cuerdo. Pero él estaba convencido de que lo que le estaban contando era absolutamente cierto. Proseguí con la clase, pero el tema se mezcló como contraejemplo en el aula, porque por inmensa casualidad ese día enseñábamos por qué los exitosos no creen en la suerte, ni se quedan sentados esperándola, y por qué el mito se hizo rico por un golpe de suerte, o sólo seré rico cuando me gane la lotería, era definitivamente falso. Mi alumno expuso la historia como cierta, y se generó un debate matemático-económico de si podía ser verdad o no.

La supuesta estrategia era la siguiente: un grupo de personas se juntaban para armar un pozo común de dinero, que usaban para jugar a ciertos números de la quiniela que, de acuerdo a un estudio que seguía el patrón de comportamiento diario de los números, aseguraba ganar una suma importante de billetes en algún momento. Es decir que las apuestas llevarían a algo así como una esperanza matemática mayor a cero, donde en algunas ocasiones se pierde y en otras se gana tanto que se compensa con ganancias lo apostado. ¡Huau! Fue todo lo que dijeron los otros alumnos. Y creyeron en parte lo relatado. Claro, parecía fácil y razonable, alguien podría haber estudiado ciertas tendencias en los números que salen sorteados, y con apuestas sucesivas en algún momento llegarían las recompensas. Ese mismo día sólo atiné a dejar planteado un interrogante, como para no chocar demasiado con la apabullante mayoría de “puede ser eh” que se había generado entre los presentes. A la semana siguiente, recordé el tema y expliqué brevemente lo siguiente: la historia no debería ser cierta, ya que en teoría los números de la lotería o quiniela se sortean al azar, es decir que los números que podrían llegar a salir son totalmente impredecibles. Nadie, humano al menos, puede por ningún método predecir esto, y si estas personas estaban ganando dinero apostando de esta forma, era o por casualidad, o por fraude, o acaso podría ser mentira lo que están aseverando. El alumno que trajo el rumor sólo se limitó, aún más seguro esta vez, a decir mientras movía su cabeza hacia adelante: “sí están ganando”.

Pasaron las semanas, y un día el alumno, hablando por lo bajo, me comentó que los “inversores” estaban teniendo algunos problemas con las predicciones. Habían estado apostando suave, y venían perdiendo, pero esperaban que en los próximos días llegaran las ganancias, y entonces redoblarían las apuestas. Tuve que advertirle: decile a tu amigo que en este preciso momento deje lo que está haciendo, ¡porque lo va a perder todo! Pasaron otras semanas y el alumno volvió, con una sonrisa nerviosa, a decirme lo que ya sabía: su amigo había perdido todos sus ahorros y se retiraba del juego con una depresión aguda.

Moraleja: alcanzar el éxito económico no es una cuestión de suerte, y esperar ganar la lotería (como esos que expresan: cuando gane la lotería voy a hacer…) es para los débiles. Lo único que nos acerca al éxito es el trabajo, y una buena idea que tenga mercado. No tomar atajos, porque no es lo mismo que aprovechar una buena oportunidad. Tampoco crean cuando alguien les diga:”aquel está ganando fortunas por hacer tal cosa”, primero vean los números, luego créanlo. Y no se olviden de algo: ¿ven que las matemáticas también te pueden enseñar a ganar o perder dinero?

jueves, 10 de marzo de 2011

El Millonario Inglés Analfabeto



Transcribo y comento una nota hecha por la BBC a un millonario inglés que esperó a retirarse de los negocios para aprender a leer y escribir, ¡que delicia para el coaching financiero encontrar un ejemplo extremo de lo que enseñamos!

"A los 17 años, pensando que nadie emplearía a alguien que no sabía escribir su nombre, puso su propio negocio."


En el mundo de los emprendedores se dice que le va mejor a aquel que emprende por opción que al que lo hace por obligación porque no puede conseguir un trabajo. Con este ejemplo, tenemos una excepción a la regla. En mi caso personal debo decir que los proyectos que he encarado al principio sí surgieron por obligación, precisamente porque en el mercado laboral en el que estoy inserto es muy difícil que una empresa te emplee como economista. Pero también lo hice por opción porque no quería emplearme en trabajos que me aburrían, y principalmente quería formar mis propios sistemas de negocio.

"Palabras simples como 'gato' yo no las podía aprender. Las leía y después de diez minutos las deletreaba al revés. La profesora creía que sencillamente era necio y quería hacerme el chistoso, todo porque los chicos se reían. Me ponían un gorro y me dejaban mirando hacia la pared, le cuenta Pearce a la BBC."

El sentido común dice: "no te burles de los nerds porque algún día serán tus jefes". Pero la realidad contradice esto diciendo:"estudiar mucho y comportarse normalmente no te asegura el bienestar económico futuro". ¿Acaso no son los "raros" o los "rebeldes" los que cambian el mundo?

"Cuando tenía una reunión de negocios, ella (su esposa) lo acompañaba, y cuando llegaba la hora de llenar algún formulario, ella lo salvaba diciendo: "no se preocupen por esto... ustedes sigan hablando mientras yo lo hago", y se lo pasaba cuando sólo faltaba firmar. Pero eso no era suficiente, pues viviendo una vida de millonarios, se codeaban con contadores, abogados y empresarios."

Otro principio al estilo del Padre Rico: tú tienes que saber de todo, ser un generalista y no un especialista. Y podríamos mencionar también a Napolenon Hill (Piense y Hágase Rico): Henry Ford no necesitaba conocer de contabilidad ni de leyes, sólo le bastaba levantar el teléfono y preguntarle a los especialistas que el tenía contratados.

"Sin embargo, 1992 se constituiría en su punto de inflexión. La recesión económica golpeaba duro y el banco lo llamó para decirle que no podía seguir auxiliándolo con préstamos. Pearce lo perdió todo de la noche a la mañana. Pearce volvió a los mercados a comenzar desde cero. Diez años más tarde, se había recuperado y su imperio comercial estaba nuevamente de pie, con unos enormes almacenes en Liverpool."

Primera observación: las crisis hacen al triunfador, así que si tú te encuentras con una crisis y en lugar de hacerte más eficiente te vuelves más averso al riesgo, estarás retrocediendo en la escala del éxito. Segunda observación
¿Saben por qué él se recuperó y volvió a tener lo que había perdido? Porque la verdadera riqueza está en el conocimiento de cómo funcionan los negocios y los mercados, y no lo material en sí. Esto demuestra que a pesar de su analfabetismo el hombre supo siempre "leer" las señales de la economía.

"El millonario analfabeto esperó todavía algún tiempo, hasta estar retirado de los negocios, para aprender a leer y escribir. Hoy planea recorrer escuelas, liceos y universidades para alentar a cualquier alumno en su situación e instarlo con su ejemplo a proyectarse un futuro. Y ahora ha publicado un libro con la historia de su vida, el que llamó A Pocketful of Holes and Dreams (Un bolsillo lleno de agujeros y sueños)."

Es decir que irá a enseñarles a los jóvenes lo que ellos ya saben, pero jamás les podrá enseñar lo que nunca sabrán: ¡cómo ser millonario como él!